Extraños incidentes
Noche de sábado en México DF. Dos curiosos incidentes. Ambos, cerca de casa, en una de las vecindades más respetables, en el centro económico de la capital mexicana.
¿Secuestro?
Camino a una parada de taxis cercana. Un coche circula lentamente junto a mi. Me apercibo y camino por el lado más alejado de la acera. Calle relativamente oscura y desierta, pero central. El conductor abre la ventana y me pregunta, titubeando, por una dirección cercana y muy conocida. Rehuso acercarme, por los rumores que he escuchado y porque no me convence su titubeo, su estúpida pregunta ni su aspecto. Por la experiencia de un amigo al que le ocurrió algo parecido, te acercas, te meten en el coche, te roban y abandonan en algún barrio de mala muerte. Paso de acercarme. Sigo caminado, alejándome, y le indico el rumbo. El coche sigue. Se para unos metros mas adelante y repite la operación con un tío parado en la esquina. El hombre se acerca y acto seguido se introduce en el coche. Extraño.
Mordida
Salimos de una fiesta y, como llevábamos vasos, para un coche de policia. Es ilegal beber en la calle. Tiro mi vaso en una papelera. Recuerdo a un taxista: “Polanco no tiene más policía porque sea buena zona y deba ser protegida, sino porque los policias pueden sacar más mordida (soborno) al personal que en otras zonas”. Paran a una compañera mía. Discutimos con un policía más borracho que nosotros y le disuadimos diciéndole que trabajamos para la Embajada. Uno de los mexicanos no tiene tanta suerte. El policía se lo lleva aparte. “Si quieren llamo a otra patrulla y vamos a delegación” El mexicano accede a pagar 150 pesos (10 euros). El policía no tiene capacidad de multar, pero es un método habitual para sacarse un extra. La transa mexicana. Así está el patio.


